El Departamento de Embalaje y Transporte de Mercancías del Instituto Tecnológico del Mueble, Madera, Embalaje y Afines (AIDIMA) presenta el cuarto y último capítulo del Curso de Formación de Embalaje y Transporte de Mercancías, que se ha venido publicando en las tres ediciones anteriores de esta revista.
LEGISLACION MEDIOAMBIENTAL
Debido al gran impacto ambiental de los residuos de envases y embalajes, por el gran volumen que suponen y por la colmatación de vertederos, la Unión Europea consideró necesario elaborar una Directiva (62/94)* al objeto de reducir en lo posible la generación de los mismos. La citada Directiva ha sido adoptada por los países miembro en forma de Leyes, desarrolladas posteriormente mediante Reglamentos. El instituto tecnológico del Mueble, Madera, Embalaje y Afines, AIDIMA, realiza para las empresas el asesoramiento necesario y diseña los planes de gestión medioambientales que exige la legislación vigente, y ofrece a las empresas distintos servicios de cumplimentación de expedientes administrativos. Al tiempo, ofrece a las empresas la figura del Consejero de Medio Ambiente, y proporciona la información y la formación que requiere este aspecto fundamental para la industria y la sociedad.
En el diseño de los sistemas de embalaje se ha de tener en cuenta, principalmente, la siguiente legislación y reglamentación medioambiental:
Ley 10/1998, de residuos, con sus correspondientes reglamentos, desarrollados en:
La legislación citada adopta como principio básico la prevención y minimización de los residuos de envases y embalajes.
Esta minimización se consigue previniendo la generación de residuos desde la etapa de diseño del sistema de embalaje, así como el reciclado y la reutilización de los residuos que no se pueden prevenir en el origen.
Por otra parte, las empresas productoras de residuos peligrosos están obligadas desde el 6 de julio de 2001 a elaborar un Estudio o Plan de Minimización de residuos peligrosos (Real Decreto 952/1997). Este estudio deberá entregarse a la Administración medioambiental competente de cada Comunidad Autónoma con una periodicidad de cuatro años. En su contenido deberá explicitarse un claro compromiso en la reducción de residuos peligrosos, siempre en la medida de sus posibilidades técnicas y económicas.
GESTION DE ENVASES, EMBALAJES Y SUS RESIDUOS
Los envases y embalajes forman parte de nuestra cultura actual, asimilándose al grado de desarrollo de un país o región. El consumo de envases y embalajes en Estados Unidos es de 250 kg/año por habitante, mientras en países en vías de desarrollo el consumo está en 10 kg. En Europa el consumo medio es de 120 kg/año y habitante.
Con la globalización de la economía, los centros de producción se elijan de los centros de consumo final con lo que se debe prever de un sistema logístico o distribución adecuado para cada tipología de producto. Por esto la estandarización de los distintos elementos que constituyen un sistema de embalaje, se hace cada vez más necesaria intentando optimizar el transporte, racionalizando el consumo de materias primas y reduciendo la cantidad de residuos que se están generando. La normalización o estandarización ayuda a minimizar la producción de residuos y facilita su gestión de los envases y embalajes y sus residuos.
El laboratorio de Materiales Celulósicos para Embalajes de AIDIMA ofrece un servicio integral para dar soluciones idóneas a las necesidades de las empresas. Dispone del equipamiento necesario y de profesionales especializados para realizar los controles de calidad requeridos para caracterizar los cartones ondulados, destinados a cualquier tipo de uso y otros materiales celulósicos destinados a envases y embalajes.
El cartón ondulado es un material cotidiano y necesario en la sociedad. Nadie tendría ningún problema en identificarlo. Sin embargo, al mismo tiempo es un gran desconocido que poca gente, exceptuando los profesionales del sector, es capaz de caracterizar de forma precisa, aunque sean usuarios y consumidores habituales del mismo.
El cartón ondulado es un material que se puede encontrar en mucha aplicaciones, aunque su verdadera función es la materia prima de los embalajes, tanto los que se destinan para el transporte, como en los que se utilizan para agrupar una serie de unidades en el punto de venta o los que terminan en manos del usuario o consumidor final. Esto hace que sea un material cotidiano, cercano y al que se ofrecen usos más lúdicos –sirva como ejemplo su utilización para la elaboración de disfraces caseros-.
Sin embargo, esta convivencia con el cartón ondulado no es sinónimo de conocimiento. Son habituales frases parecidas a “¿qué más da?, todos los cartones son iguales” o “el cartón que sea, todos sirven”. En el ámbito de la industria, fuera de su sector, el control de la calidad del cartón ondulado se reduce, en la mayoría de los casos, a una estimación de su gramaje y, a veces, a un acercamiento a la calidad de sus papeles componentes, olvidando aspectos mucho más importantes que afectan a su funcionalidad.
Si bien es habitual el cuidadoso control de la producción y calidad de acabados de un producto, cumpliendo con duras especificaciones, también lo es el descuido sistemático del embalaje de dicho producto. Quizás no en su vertiente estética pero sí en lo que a su comportamiento mecánico se refiere, sin tener en cuenta que éste también influye en la presentación y percepción de calidad del producto por parte del usuario final.
A continuación, se presenta un breve cuestionario para evaluar los conocimientos sobre cartón ondulado. Básicamente son preguntas sencillas que deberían tener respuestas rápidas entre los usuarios de este material:
1.- ¿Es el cartón ondulado un material higroscópico?
2.- ¿Mayor gramaje implica siempre mayor resistencia?
3.- ¿Sabría interpretar una ficha técnica de cartón ondulado?
4.- ¿Qué diferencias existen entre un cartón ondulado doble-cara y uno doble-doble?
5.- ¿Qué calidad de cartón ondulado es la más adecuada para el embalaje de su producto?
6.- ¿Qué hace si su cartón ondulado no cumple con las expectativas?
El laboratorio de Materiales Celulósicos para Embalaje de AIDIMA está acreditado por ENAC (Entidad Nacional de Acreditación) según la norma UNE-EN IEC 17025:2005 para la realización de ensayos de papel, cartón, cartón ondulado y envases y embalajes de mercancías peligrosas, lo que es indicativo de la calidad del trabajo que lleva a cabo.
Eva Martínez
Responsable del Laboratorio de Materiales Celulosicos para el embalaje
Si desea que los técnicos de AIDIMA amplíen información sobre este o cualquier otro tema relacionado con Símbolo Calidad no dude en contactarnos.
En interés de la salud pública mundial, del progreso de la investigación científica y de la creación de nuevos fármacos y tratamientos para luchar contra las enfermedades, es necesario transportar muestras humanas y animales de forma segura, oportuna y eficiente desde el lugar donde han sido recogidas hasta el lugar donde serán analizadas. El departamento de Embalaje y Transporte de Mercancías de AIDIMA está especializada en este tipo de transporte y embalaje ofreciendo a las empresas un servicio a medida y las acreditaciones que necesiten para su cometido.
Las muestras de origen humano y animal deben ser embaladas / envasadas y transportadas de forma que quienes participan en su transporte estén protegidos del riesgo de infección.
Pero, ¿qué entendemos por materias infecciosas? Para los fines de su transporte, son materias de las que se sabe o de las que hay razones para creer que contienen agentes patógenos. Los agentes patógenos se definen como microorganismos y otros agentes que pueden provocar enfermedades a los animales o a los seres humanos.
Además, las materias infecciosas se dividen en dos categorías:
Categoría A: materia infecciosa que se transporta en una forma que, al exponerse a ella, es capaz de causar una incapacidad permanente o una enfermedad mortal o potencialmente mortal para seres huma os o animales, hasta entonces, con buena salud.
Categoría B: Una materia infecciosa que no cumple los criterios para su inclusión en la categoría A.
Deben cumplirse las normativas de transporte de la ONU al transportar materias infecciosas de Categoría A y B. Los requisitos varían dependiendo del país, el modo de transporte; la clasificación y el acondicionamiento de la muestra.
La clave para obtener un control eficiente y minimizar los riesgos consiste en la elección del embalaje/envase más apropiado. Un embalaje/envase apropiado proporciona las barreras necesarias y suficientes para evitar las fuga del material hacia el exterior. El embalaje deberá comprender al menos los tres componentes siguientes:
a) Un recipiente primario, como pueden ser viales de vidrio, metal o plástico sellados con un tapón de goma y que son los que contendrán la materia infecciosa a transportar.
b) Un embalaje secundario, y
c) Un embalaje exterior de los que, o bien el embalaje secundario, el embalaje exterior, deberá ser rígido. Los embalajes secundarios deben colocarse en embalajes exteriores con interposición de un material de relleno adecuado.
La combinación de los 3 componentes debe someterse a diversas pruebas y certificarse para satisfacer los criterios de rendimiento y técnicos para que puedan transportarse con total seguridad.
En el Laboratorio de Mercancías Peligrosas de AIDIMA se realizan los ensayos necesarios para la homologación de embalajes destinados a contener materias infecciosas (Clase 6.2 según ADR)
Las pruebas se llevan a cabo según se describe en las reglamentaciones modales internacionales de mercancías peligrosas en vigor (ADR, RID, IMDG, OACI, IATA), e idénticas para todas ellas.
Prueba de caída. Para materiales infecciosos la altura de caída es de al menos 9 metros sobre una superficie resistente, horizontal, plana, maciza y rígida. Si las muestras tienen forma de caja, el ensayo consiste en 5 caídas con 5 orientaciones distintas, de plano sobre el fondo, de plano sobre la parte superior, de plano sobre el lado más largo, de lado sobre el lado más corto y sobre una esquina.
Si las muestras tienen forma de bidón, se dejarán caer 3 en las siguientes posiciones: diagonalmente sobre su parte superior, con el centro de gravedad en la vertical del punto de impacto, diagonalmente sobre el reborde de su base y de plano sobre el costado.
Además, se requieren acondicionamientos especiales en los siguientes casos:
El criterio de aceptación del ensayo es que no exista ninguna fuga en los recipientes primarios en cada caída.
Prueba de perforación. Para este ensayo no es necesario ningún tipo de acondicionamiento previo. La manera de proceder varía en función de la masa bruta del embalaje. Si el embalaje tiene una masa bruta de 7 Kg o menos el ensayo consiste en colocar la probeta sobre una superficie plana y dura y se deja caer sobre ella una barra troncocónica, con un peso superior a 7 Kg, desde una distancia de 1 m. El ensayo se repite con una segunda probeta, de manera que la superficie de impacto de ésta sea perpendicular a la posición ocupada por la primera.
Después de cada impacto, la perforación del embalaje secundario es aceptable, siempre que no haya fugas procedentes del recipiente o recipientes primarios.
Para los embalajes destinados a transportar materias infecciosas de la categoría B (llamadas también muestras de diagnóstico), no se realiza el ensayo de perforación y en los ensayos de caída la altura de ensayo debe ser superior sólo a 1,2 m.
Raúl Moreno Castelló
Responsable del Laboratorio de Mercancías Peligrosas
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La mayoría de daños e incidencias sufridas por el binomio producto-embalaje durante su ciclo de distribución suelen darse durante su manipulación y más concretamente durante el proceso de carga y descarga.
Con mucha frecuencia se dan casos de productos mal manipulados, productos mal colocados para su transporte o productos sobre los que se apila o remonta cargas con más peso del que puede soportar.
Para tratar de reducir estos daños y dar una serie de pautas o instrucciones de manejo de los productos embalados la Organización Internacional para la Estandarización (ISO) normalizó una serie de símbolos e indicaciones gráficas a través de la norma ISO 780:1999.
Estas indicaciones gráficas van destinadas para el manejo de embalajes de transporte y consisten en un grupo de símbolos usados convencionalmente para transmitir las instrucciones de manejo independientemente del lugar o país donde se transporten, ya que en esta norma no se utilizan instrucciones escritas.

La norma ISO 780:1999 especifica las características de los símbolos utilizados de una manera convencional para el marcado de embalajes de expedición con el fin de transmitir prescripciones de manipulación.
Los símbolos pueden figurar sobre una etiqueta, pero es preferible marcarlos con plantilla directamente sobre el embalaje. No es obligatorio encuadrarlos y el color que se debe utilizar para su marcado es el negro. Si el color del embalaje fuera tal que el símbolo no resaltara claramente, deberá ponerse como fondo un panel de un color de contraste apropiado, preferentemente blanco.
Debe evitarse la utilización de colores que puedan producir confusión con el marcado de las materias peligrosas. Debe evitarse la utilización del color rojo y el naranja, a menos que existan reglamentos nacionales o regionales que prescriban su utilización.
Normalmente, la medida de los símbolos debe ser 100 mm, 150 mm o 200 mm. No obstante, pueden ser necesarios símbolos mayores o menores, en función del tamaño o forma del embalaje.
El número de símbolos idénticos a colocar en un embalaje depende del tamaño y forma de este. Por ejemplo, para los símbolos 1, 3, 7 y 16 deben aplicarse las reglas siguientes:
La colocación de simbología de manipulación en el embalaje no nos garantiza una correcta manipulación de la misma, sin embargo es recomendable su utilización.